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#AcampadaHacienda por un estado fuera de la economía

02/06/2011

Estaba leyendo esta mañana una noticia sobre la retirada simbólica de efectivo que algunos defensores del movimiento 15 M hicieron en varios bancos de Asturias. Y por muy romántica  que a algunos les parezca la idea, a mí no me resulta nada agradable por el poso ideológico claramente anti-mercado que yace detrás de esa denuncia. Lo que hicieron estos jóvenes es justo esa expresión tan inglesa “kill the messenger” (matar al mensajero), pero no al causante de la actual situación económico de la sociedad: el hiperestado con sus brazos ejecutores: la clase política, hacienda, las administraciones públicas deudoras…

Es el hiperestado el que a través de los Bancos Centrales establece las reglas de juego y el funcionamiento de los bancos comerciales, abiertos al público. Y es el hiperestado el que fabrica dinero fiduciario, o lo que es lo mismo, dinero de la nada. Porque el respaldo es más ficticio que real. Y es el hiperestado el que da permiso a los propios bancos comerciales y cajas (que por cierto son entidades públicas, no privadas que hacen competencia desleal a los bancos) a prestar dinero más de 20 veces de lo que tienen en reservas.

Así que, generación 15M, despertad de una vez. Ya sé que es difícil tras haberse educado en el sistema educativo estatal donde no se nos  enseña qué es la economía real, en qué consiste el libre mercado pero sí cómo prepararse a ser funcionario, cómo alcanzar la riqueza aunque sea robándosela a otros: convirtiéndonos en funcionarios, altos cargos de alguna institución o multinacional. Pero si dejáis de lado las consignas que os han repetido hasta la saciedad: el pueblo, bien general interés general, nación, veréis que la prosperidad de una sociedad no está basada en la prosperidad del estado y de sus funcionarios, sino existe sólo cuando sus integrantes, los ciudadanos cuentan con su prosperidad individual, personal. Y esta prosperidad individual está cercenada por el intervencionismo estatal, el peor de todos el del control de hacienda sobre lo que gastamos, lo que tenemos, lo que hacemos, lo que invertimos, en definitiva lo que somos. Cuando lo hayáis hecho, veréis que adónde deberéis todos, vosotros, vuestros familiares  y amigos es a la delegación de hacienda a exigirle al estado que deje de controlar y diezmar cada céntimo que tenéis en vuestra propiedad, a exigirle al estado y a los políticos que “borren vuestro borrador” de la proxima declaración de la renta y en dónde ponga “Razón: poner Movimiento 15M, #LibertadRealYa”.

Y antes de que alguién se eche las manos a la cabeza y me llame insolidaria, neoliberal -que por cierto lo soy y mucha honra, de hecho me considero más libertaria que liberal y más objetivista que libertaria- os pido que hagáis esta reflexión: Comparad los recursos gastados en las diferentes delegaciones y oficinas de la hacienda pública y de los altos estamentos del estado -ministerios, parlamentos, gobierno, residencias oficiales etc- donde todo está de lujo, mármoles, tecnología punta, últimos caprichos en el mercado desde mobiliario a decoración, sin dejar de lado los sueldos blindadísimos de vértigo y las demás prebendas de los altos funcionarios que las ocupan; y por otro lado os invito a daros un paseo por las diferentes instituciones que son en realidad las que ayudan día a día  a los más necesitados, las consejerías de ayuda a personas sin recursos económicos que muchas veces tienen además alguna que otra problemática particular (discapacidad, enfermedad, violencia de género, criminalidad, marginalidad etc) y veréis allí el “deroche” de recursos públicos de nuestros impuestos para ayudar y apoyar a todas estas personas, y sobre todo para ofrecer soluciones viables y permanentes de sacarlas definitivamente de la precariedad económica y social en que se encuentran.

Unos cuentan con ordenadores a la última,  software desarrollado que cuesta una sumas ingentes de dinero del presupuesto público=nuestro dinero, todo ello para ejercer un buen control del contribuyente. Claro, el estado debe  controlar hasta nuestro último aliento por el que debemos pagarle. Los otros, en cambio, a penas cuentan con recursos para unos ordenadores dignos del paleolítico cibernético a compartir entre varios trabajadores sociales, en una digna -obsérvese el sarcasmo- aplicación del principio fundamental de todo modelo colectivista: el de compartir.  Y sí apreciados acampados, allí donde realmente se imparte la solidaridad institucionalizada todavía se trabaja con grandes cuadernos y libracos de la época analógica y donde los agotados y mal pagados funcionarios deben apuntar de su puño y letra, literalmente, los casos tratados; donde todavía los escritos se hacen a mano; donde los casos se eternizan y la falta de productividad es más que evidente, sin si quiera entrar a valorar el coste men términos de rendimiento del conjunto de casos tratados y solucionados.

Esta es la realidad del estado “buenachón”, del estado del bienestar apreciados seguidores del 15M. Así que, si de verdad queréis poder el día de mañana tener un techo digno según el criterio personal de cada uno; si de verdad queréis tener más de 1,5 euros en el bolsillo, el camino es uno: el estado fuera de la economía, y hacienda fuera de vuestra economía personal. El estado no debe decidir para el ciudadano qué consumir, qué fumar, qué beber, qué comer, qué vestir, con qué viajar, qué opción política votar y en definitiva qué vida vivir. Alcanzada la mayoría de edad, cada persona debe ser libre de asumir su vida, tomar decisiones, asumir las consecuencia y vivir según lo considere y en base a su propio aprendizaje en la familia, en la escuela, en la sociedad. Y cada persona debe decidir con quién quiere ser solidario y qué recursos personales quiere dedicar para hacerlo. #LibertadRealYa

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La solución está en la descolectivización del conflicto en el País Vasco

11/05/2011

El espinoso asunto de la decisión del Tribunal Constitucional sobre Bildu, vuelve otra vez a monopolizar el debate de la política. Y no es para menos, ya que muchos temen que quién está detrás de candidaturas como ésta es la ilegalizada Batasuna o incluso ETA. Ciertamente es un tema que levanta pasiones y que sigue alimentándose de sentimientos fuertes entre la ciudadanía. Quizás por ello, el conflicto siga todavía hoy en pleno siglo XXI. En estas reflexiones me centraré en 2 principios:

1. La Razón

2. El ciudadano

Por qué, os preguntaréis. Pues es muy sencillo, porque sólo si usamos la razón podemos remontarnos al inicio del conflicto y verificar las premisas para ver si realmente son correctas. Y todos sabemos que la regla fundamental de la lógica radica en la corectitud de las premisas. Si las premisas están mal, entonces el resultado del problema o del conflicto, en este caso, seguirá siendo erroneo una y otra vez. Y por otro lado,  es el ciudadano quien representa la pieza clave en este conflicto porque los efectos se vuelcan sobre su vida tanto si lo decide, como si no al encontrarse en la comunidad donde existe dicho conflicto. Y me refiero no sólo  a los ciudadanos organizados en grupos de presión a favor o en contra de un modelo social -estado del bienestar totalitario revestido del manto democrático o estado socialista totalitario de corte marxista-leninista-, sino también a los ciudadanos individuos, aquella mayoría silenciosa que no están organizados pero que, sin embargo, son los que pagan las consecuencias y quienes sufren los efectos de las acciones organizadas emprendidas por los primeros.

Empecemos pues. Os advierto que mis reflexiones de hoy os pueden parecer frías, faltas de pasión y furia, pero considero necesario que haya al menos un artículo objetivo en todo este mar de tinta física y virtual alimentado de orgullo, honor, furia, odio, idealismo. Como partimos de premisas erróneas por ambas partes del conflicto, cabe señalar que debemos volver sobre nuestros pasos y buscar la solución al conflicto no en una u otra forma de estado. Ni el superestado español centrípeto y desbocado que somete a los ciudadanos, ni tampoco el aspirante a superestado de corte marxista-leninista promovido por el grupo terrorista ETA y sus organizaciones civiles afines o las formaciones políticas que no comparten los métodos violentos pero sí los ideales socialistas son la solución el conflicto.

La lucha en el terreno jurídio está de antemano perdida por ambos bandos mientras no favorezca la resolución pacífica y definitiva del conflicto. El único resultado palpable y medible por la sentencia de la Sala 61 del Tribunal Supremo o la posterior decisión alcanzada por el Tribunal Constitucional, es la continuidad del enfrentamiento social y político entre aquellos grupos de ciudadanos organizados de los que hablábamos al principio de este artículo por un lado, y por otro, el coste que sin comerlo ni beberlo, lo asumirán todos los ciudadanos, independientemente de si están a favor o en contra de que Bildu se presente a las elecciones locales.

Individualismo frente al colectivismoDebemos hacer el esfuerzo y ver más allá de las furias y las pasiones que impulsan a unos y a otros y para hacerlo, tenemos que despojarnos primero de la idea de deberse al grupo, al colectivo por encima de uno mismo. Es difícil ya que la cultura del altruismo submina desde los cimientos la idea de individualismo e impulsa el colectivismo como meta de la civilización humana. Pero la historia arroja una y otra vez la verdad: las avances y la construcción de nuestra civilización no las han hecho manadas, masas de gentes, sino mentes brillantes de nombres y apellidos que han sabido enseñar a otros cómo construir pirámides, cómo imprimir un libro, cómo ensamblar una máquina a vapor, cómo idear un artilugio de comunicación a larga distancia, cómo compartir información en tiempo real entre millones de personas en todo el mundo.

Y después de este breve de filosofía objetivista, volvamos a nuestro debate. Debe o no debe permitirse a Bildu presentarse a las elecciones locales. Ahí está el quit de la cuestión. En el actual modelo político-socio-económico basado en la constante vulneración de la propiedad privada por parte del que ejerce el monopolio de la fuerza, en este caso el estado del bienestar, muchos ciudadanos están enfadados y con razón ya que hablamos de SU dinero, en que una formación política que es percibida como próxima a un grupo terrorista pueda alcanzar cuotas de poder y hacer uso del dinero público para financiar su causa que es la independencia del País Vasco y la instauración de un socialismo de corte marxista-leninista. Pero es nos olvidamos de una cosa fundamental: resulta que también en el País Vasco los ciudadanos vascos pagan impuestos como el que más, y de hecho junto con Madrid y Cataluña son a los que más se les vulnera SU propiedad privada. Y si seguimos esta línea lógica, una buena parte de esos ciudadanos quieren que haya formaciones políticas tipo Bildu que presenten su oferta electoral. Y por tanto, su petición es igual de válida que la de los ciudadanos que no quieren que un grupo político extremista pueda jugar desde las instituciones públicas. Así que nos encontramos en el eterno dilema: ilegalizar o no. Esa es la cuestión.

Coalición electoral de la izquierdo independista en el País Vasco y Navarra

Bildu se defiende y declara públicamente que sus candidatos han firmado una declaración expresa de renunicia a cualquier método violento de alcanzar fines políticos. Según ellos, su condidato/a “lleva aparejado la oposición, por todos los medios que legítimamente tenga a su alcance, a cualquier acto o actividad que suponga agresión o violación de cualquier derecho humano y al uso de la violencia para lograr objetivos políticos”. Por tanto, éste ya es un cambio de actitud que merece la pena tomar en cuenta, a menos que queramos seguir con los mismos métodos que hasta ahora y sabiendo que el conflicto seguirá sine die.

Las plataformas de defensa de las víctimas y de los partidos políticos contrarios a su presentación argumentan en que la documentación incautada a la banda terrorista apunta en que ETA tiene pensado usar a la formación como su brazo político. Pero resulta que desde Bildu no se reconoce este hecho, algo hasta ahora nunca imaginado en el mundo abertzale.

La solución es compleja y requiere mucho tiempo para ejecutarla, sobre todo porque se trata de cambiar las premisas y enfocarlas en los ciudadanos como individuos, no en conceptos abstractos del tipo nación, país, pueblo. Y una vez comprendamos que los únicos que experimentan el sufrimiento físico y moral son los individuos, no los estados, el conflicto se habrá acabado definitivamente.

Pero como no estamos en ese punto, la solución inmediata desde un punto de vista completamente objetivo, racional es demostrar que la sociedad civil española y vasca no se rige por la ley del talión; que tenemos un sistema jurídico imparcial y objetivo donde ni las víctimas, ni los verdugos pueden decidir cómo hacer justicia, precisamente por sus condicionantes emocionales; que son libres de entrar en el juego democrático y presentar sus ideas sin temer que les pongamos una pistola en la nuca; que los ciudadanos sean vascos, españoles, catalanes son personas de carne y hueso, de nombre y apellidos que día tras día buscan forjarse un lugar mejor en esta sociedad para ellos mismos y para los suyos; que cada uno de nosotros buscamos por encima de cualquier cosa la felicidad y la violencia no es precisamente el camino que nos ayudará a lograrla; que nadie tiene derecho sobre la vida de otro; que la propiedad de uno es de uno, no de la comunidad / estado; que la libertad no es otra cosa que nuestra capacidad de ejercerla en el ámbito de nuestra vida y nuestra propiedad, y si no es así, entonces NO SOMOS LIBRES. Porque si no, acabaremos como en la fábula de las dos cabras que se encuentran en un puente y ninguna se quiere apartar para dejar paso a la otra. Finalmente de tanto enfrentarse, las dos se caen al precipio. Dejo que cada uno reflexione sobre la moral y sobre todo el resultado de esta historia.

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