El interés general no existe

Por Roxana. Guardado en Ideas, Política  |   
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¿Qué es el interés general? Según los discursos socialmente aceptados e impulsados por todos los colectivistas, el interés general es el objetivo que los políticos presentan a la sociedad como la meta de sus actuaciones, de su altruismo para con los ciudadanos. Así mismo nos hablan nuestras ilustres señorías de la defensa del interés general como algo que debería ser el cometido de cada uno de los que conformamos la actual sociedad en el estado español.


Quienes no defendemos el interés general somos automáticamente tachados de insolidarios y despreciados como lo más vil de nuestra sociedad. Pues ha llegado la hora de desenmascarar lo que yace detrás de esta expresión tan embaucadora para muchos y tan despreciada por quienes confiamos mucho más en los intereses individuales de cada persona traducidas en su futuro y su propia vida al tiempo que recelamos de las “buenas intenciones” de quienes se apresuran a “sacrificarse por el bien común, ese interés general” quimérico que los altruistas costean con nuestro dinero y nuestro esfuerzo.

La razón como rasgo fundamental de las personas es un fenómeno plenamente reconocido desde el siglo de las luces en adelante. Y no olvidemos que la razón nos arroja la única imagen objetiva sobre el mundo que rodea al individuo. Aplicando la razón, somos capaces de avanzar y desarrollarnos como nunca antes había sido posible. La evolución humana a raíz de la iluminación ha abierto la puerta hacia el desarrollo personal de cada individuo de una forma nunca antes experimentada. No olvidemos que en las épocas anteriores todo desarrollo personal pasaba por nodos controladores -reyes, señores feudales, iglesia…- y sólo unos pocos afortunados podían atravesarlos siempre y cuando aceptaran las condiciones impuestas por esos nodos. Con la llegada la época de las luces, la razón consiguió imponerse y con ella la liberación del individuo. Desgraciadamente no se expandió a todo el planeta hasta hace pocos años con el fenómeno de la globalización. Sin embargo el viejo mundo, el mundo de los nodos centralizadores se resisten en desaparecer y en sus deseperados intentos por resistir, intentan nuevamente a arinconar la razón a un plano secundario de las actuaciones socio-económicas y políticas.


Tras este paréntesis que considero necesario, vuelvo al tema central de mi entrada de hoy: el interés general no existe debido a que la aplicación de la razón en la mente de las personas hace que éstas articulen sus vidas, tomen sus decisiones siempre anteponiendo, aunque inconscientemente, sus propios intereses a los de los otros. Y esto se llama instinto de supervivencia. El estado del bienestar ha intentado socabar ese instinto y reemplazarlo por políticas de ingeniería social, algo tan desastroso que resulta increíble que todavía mucha gente quiera defender y aumentar como solución a la actual crisis. Lo que ningún político, sindicalista, empresario o trabajador estado-dependiente quieren reconocer es que la sociedad y economías planificadas desde un nudo central como es el estado del bienestar han de apoyarse necesariamente en dos pilares fundamentales:
1. la deshumanización del individuo para que pueda renunciar a sus propias decisiones puesto que es el estado el que decide por él
y
2. la desmaterialización de los interese individuales de cada persona en casi todas las facetas de su vida privada: su propiedad, su libertad, su educación y hasta su vida… mediante la asignación de la denominada función social, o simple y llanamente la colectivización de sus intereses o lo que se conoce por interés general.

Veamos ahora el resultado obtenido al generar la figura del interés general cuando para ello, primero debe haber, al menos, un interés particular, individual del cual partir. El big bang sólo ocurrió una vez y tampoco fue de la nada, sino de la unión de particulas ya existentes, o sea de una serie de intereses particulares. Así que os invito a esta reflexión la próxima vez que habléis del interés general: no es interés general,

es el interés del político de turno en ser reelegido;
es el interés de unos en conseguir lo que otros tienen;
es el interés de los que deciden en beneficio de los lobbies que les han apoyado antes;
es el interés de quien quiere conducir el mismo BMW que el vecino o el concejal de su pueblo;
es el interés de quien quiere que sus hijos tengan mejores oportunidades que las que tuvieron ellos;
es el interés de quien quiere emprender;
es el interes de quien quiere trabajar;
es el interés de quien quiere vivir mejor;
es el interés de quien quiere alcanzar más momentos de felicidad en esta vida;

Es el interés que cada uno decide y persigue. Los individualistas amamos la libertad y el capitalismo como el camino más viable para la prosperidad del ser humano. Los colectivistas recelan de ella y aman el intervencionismo tanto en la economía como en lo social porque creen que sólo mediante la ingeniería social se puede avanzar y que el individuo es débil y estúpido, y por ello requiere de un papá estado que piense y decida por él. Hemos visto dónde han llevado cada una de esas posturas ideológicas: la primera a la creación de una Internet libre, a la creación de riqueza y desarrollo inimaginables hasta hace un siglo y ésto en condiciones de lucha constante contra la segunda. La segunda postura ideológica, el colectivismo en cambio, dónde no ha llevado: a la misería, a la guerra, a la pobreza, a la dictadura y en definitiva al sometimiento del individuo frente a las masas da igual que se llame de izquierdas o de derechas, de centro o tercera vía.


Los que anteponemos al individuo frente a las masas, los que cada vez somos más gracias al uso de la razón y al destierro de las consignas vacías, los individualistas, no queremos imponer a nadie nuestros intereses propios, y, menos aun, costear su realización mediante el robo a otro: robo de su propiedad privada, de su libertad o de su vida. Mientras que ellos, los amantes del inexistente interés general disfrazan sus ambiciones e intereses particulares, sus ansías de remodelar la sociedad según sus cánones de ingenieros sociales bajo esa aura de generalidad que les legitima de alguna forma, aunque sea inmoral desde un punto de vista objetivo, ante los ojos de los ciudadanos no organizados. Y con esa falsa legitimidad los colectivistas “se sacrifican” por el bien común institucionalizando el robo de la propiedad de otros ciudadanos, violando su libertad y su vida para sufragar la realización de esos intereses, que no dejan de ser más que otros intereses particulares, los intereses de quienes ostentan cuotas de poder en el actual modelo socio-político y económico que se nutre de generar escasez para los ciudadanos.

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