Por qué Europa no tiene su Silicon Valley

Libertad frente al intervencionismo. Las dos mentalidades empresariales: la europea y la estadounidense puestas en balance. ¿Por qué Europa ha perdido por ahora la cabecera del tren de las nuevas tecnologías?
Hace un tiempo atrás el ahora ex-primer ministro británico Tony Blair visitó el corazón de las nuevas tecnolgías: Silicon Valley en Estados Unidos. En unos de los talleres donde el primer ministro fue invitado, Blair, sin saberlo, formuló la pregunta fundamental que define la gran diferencia existente entre el Nuevo Mundo y el Viejo Continente. Todo empezó cuando Tony Blair, en su afán por demostrar que en Europa estamos abiertos a las nuevas tecnologías, preguntó a la comunidad empresarial allí presente cómo podría el Gobierno Británico apoyar a las empresas del sector IT para experimentar el auge que están experimentando al otro lado del océano. La respuesta vino de uno de los jóvenes empresarios que participaban en aquel taller y básicamente se resumió en explicarle al primer ministro británico dos conceptos básicos que separan a la mentalidad americana frente a la mentalidad europea y donde el papel de la administración británica quedaría reducido a cero:

1. En Silicon Valley y en el resto de Estados Unidos las empresas y los individuos entienden que asumir riesgos es parte fundamental de la economía y por lo tanto es algo benéfico sin el cual no se podrían apoyar la creatividad y el talento. De allí, que en Estados Unidos existan una serie de empresas muy serias y bien vistas por el conjunto de la sociedad y las autoridades que se llaman Joint Venture -empresas de capital riesgo- y cuyo objetivo es detectar ideas e individuos con talento y apoyarles económicamente, apostando por nuevos conceptos que eventualmente se podrán convertir en producto comercializables. La administración americana no interviene para nada en esta economía y las empresas de capital riesgo no impondrán sus criterios para modificar la idea que desean financiar. De la mano de dos de estas empresas, se levantó, por ejemplo, el gigante de la información que conocemos por el nombre de Google.

2. El fracaso no constituye un estigma en la sociedad y economía americanas, como lo es en Europa. Los empresarios que han manejado empresas que, por una serie de razones, no han funcionado bien, tienen muchas oportunidades de levantarse y empezar de nuevo ya que su experiencia en regentar una empresa implica el haber aprendido de sus errores y por lo tanto presentan un valor añadido a su resumé a la hora de conseguir trabajo o parteneriados para montar una nueva empresa.


1. En Silicon Valley y en el resto de Estados Unidos las empresas y los individuos entienden que asumir riesgos es parte fundamental de la economía y por lo tanto es algo benéfico sin el cual no se podrían apoyar la creatividad y el talento. De allí, que en Estados Unidos existan una serie de empresas muy serias y bien vistas por el conjunto de la sociedad y las autoridades que se llaman Joint Venture -empresas de capital riesgo- y cuyo objetivo es detectar ideas e individuos con talento y apoyarles económicamente, apostando por nuevos conceptos que eventualmente se podrán convertir en producto comercializables. La administración americana no interviene para nada en esta economía y las empresas de capital riesgo no impondrán sus criterios para modificar la idea que desean financiar. De la mano de dos de estas empresas, se levantó, por ejemplo, el gigante de la información que conocemos por el nombre de Google.

2. El fracaso no constituye un estigma en la sociedad y economía americanas, como lo es en Europa. Los empresarios que han manejado empresas que, por una serie de razones, no han funcionado bien, tienen muchas oportunidades de levantarse y empezar de nuevo ya que su experiencia en regentar una empresa implica el haber aprendido de sus errores y por lo tanto presentan un valor añadido a su resumé a la hora de conseguir trabajo o parteneriados para montar una nueva empresa.


Ahora, si nos volvemos hacia el Viejo Continente podemos entender por qué estos dos principios fundamentales de la economía libre lo tienen muy difícil, por no decir imposible aquí, en suelo europeo. Europa no tiene su Silicon Valley porque que su creatividad y talento dependen de la existencia o no de subvenciones otorgados por los distintos orgános y organismos gubernamentales nacionales y europeos, en función de no sé sabe bien qué, aunque estar dentro del circuito o conocer a algún alto funcionario, siempre ayuda. Por lo tanto, la idea es lo de menos. He aquí, cómo se anima a la mediocridad y a proyectos buenecillos cuando no obscuros que no arriesgan nada o poco, pero que despliegan con orgullo todo tipo de etiquetas sobre normativas y patrocinios burocráticos de las distintas administraciones que les brindaron subvenciones del dinero de los contribuyentes que seguramente nunca o casi nunca llegarán a emplear dicho producto. inventores. En cuanto al principio de "quién no arriesga, no gana", Europa se ha vuelto comodona y lo peor, perezosa. Para qué esforzarse y destacar cuando la sociedad convenientemente "educada" por el Estado apremia a los mediocres, los famosillos de temporada incultos y con un nivel intelectual que nos hace preguntarnos si la sociedad actual europea no estará experimentando ya su ocaso igual que pasó con otras civilizaciones: los mayas, los egipcios.

Sin saberlo, el señor Blair puso el punto sobre la í pero, debido a su formación política apoyada en el intervencionismo institucional y una sociedad completamente asistencializada, dudo que pudo comprender realmente que la respuesta que le dió el empresario americano expresaba la esencia del mundo actual tal como lo ven al otro lado del océano. Esta esencia es lo que demuestra la gran barrera que hay entre América y Europa.

Crear riqueza y tener talento es fundamental y positivo y no hay por qué sentir vergüenza. Y detrás de cada idea tiene que existir la motivación económica para poder hacer lo mejor, no algo mediocre, y una vez hecho seguir creando y materializando otras ideas. La gloria sin el dinero es humo, y el humo no leventa bellezas y no escribe la historia del hombre.

En efecto, el dinero trae la felicidad ya que permite al individuo ser libre y dar riendas sueltas a sus ideas que, parte de ellas, algún día, mejorarán la vida de otras personas y harán que el desarrollo llegue a muchos más. Atar la inventividad y el talento a resortes tales como burocracia y subvenciones públicas, es condenar a la mediocridad a toda una sociedad y ya se están viendo los resultados como consecuencia de las políticas basadas en aquel concepto nefasto conocido como "estado de bienestar".


Autora:
Roxana Nicula Tănase
Experta en promoción y marketing web.
Articulista rumano-española de corte liberal-libertario.




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