¿Dónde está el sentido común?

El sentido común es respetar la vida de uno mismo y la del resto de personas; respetar tu libertad y la libertad de los demás; respetar tus convicciones y creencias con la condición de no interferir en las convicciones y creencias de otro ser humano y por consiguiente no permitir que sus convicciones acaben perjudicándote y respetar el mundo en el que vives.

Algo ocurre con nuestras sociedades. Parece que no somos capaces de comprender que todos los nuevos descubrimientos y los avances tecnológicos, médicos o los logros obtenidos en el ámbito de nuestras libertades y derechos no pueden fortalecernos como personas si no usamos el sentido común. Es aquel sentimiento interior que nos dicta que, dentro de la vida de cada individuo y fuera en la sociedad global, existen unos límites o más bien unos preceptos que no pueden ser alterados si deseamos que las futuras generaciones encuentren algo después de nuestro paso por la Tierra. Este conjunto de preceptos o parámetros constituye el sentido común y se limita a una única acción o inacción según se mire: respetar. El sentido común es respetar la vida de uno mismo y la del resto de personas; respetar tu libertad y la libertad de los demás; respetar tus convicciones y creencias con la condición de no interferir en las convicciones y creencias de otro ser humano y por consiguiente no permitir que sus convicciones acaben perjudicándote y respetar el mundo en el que vives. Simplemente cumpliendo con estas cuatro fórmular básicas de respeto, la sociedad del hombre tendría un futuro pacífico y próspero por delante. Vivimos en un mundo dónde cada vez se imponen más otro tipo de principios más válido o menos válidos, pero el único eje que nos garantiza una convivencia es el reino de nuestro sentido común. Y éste parece estar en un buen aprieto últimamente. Hay que empezar a cultivarlo desde la infancia y a través de la educación. Antes de saber los oceános o que la tierra ejerce un campo gravitacional sobre el ser humano, tenemos que enseñar a nuestros hijos qué es el sentido común y por qué es tan importante adoptarlo como código de valores básico antes de empezar a bordar sobre ello las diferentes capas y matices que vamos adquiriendo con la experiencia. Del mismo modo que los niños tiene que aprender usarlo, muchos de los adultos deberían hacer lo mismo y sobre todo gran parte de la clase política en todo el mundo.



Si George W. Bush hubiera conocido y aplicado estos cuatro tipos de respeto que forman el sentido común, la situación en Iraq habría sido totalmente diferente, del mismo modo que si usara este guía para que no se intentasen pisotear los derechos de una parte de sus conciudadanos que optan por tener una orientación sexual distinta a la suya. En América Latina la falta de sentido común de los dirigentes políticos sean del gobierno o de la oposición han llevado a sus sociedades a enfrentamientos sangrientos traducidas en muchas pérdidas de vidas humanas y daños materiales, desembocando en inestabilidad política, económica y sobre todo social. Véase no más la locura permantente que se vive en Cuba desde hace más de cuarenta y cinco años y que parece tener agentes contagiosos que han penetrado en la sociedad venezolana, en la persona del presidente-dictador Hugo Chávez Frías. O la precaria situación económica y las repetidas convulsiones sociales en Argentina, en la República Dominicana, en Bolivia etc. El barómetro del sentido común baja vertiginosamente cuando llegamos al continente africano. Con personajes del calado de Robert Mugabe en Zimbabwe, Teodoro Obiang Nguema en Guinea Ecuatorial o del titular de la monarquía absolutista en el reino marroquí, Mohamed VI tampoco se perfilan grandes esperanzas de un futuro donde el ser humano tiene posibilidades de triunfar, ser feliz y vivir en paz con sus vecinos y con el mundo. No podemos olvidar que las luchas armadas y las confrontaciones en los diferentes países africanos a raíz de la fiebre del petróleo, los diamantes y otros metales preciosos son una parte del problema. La fuente del mal reside en su clase política, cúlpese a las antiguas metropolis o no, lo cierto es que la actual casta de políticos africanos demuestra una carencia absoluta del uso de la razón, elemento tan necesario para la existencia del sentido común.


Existen países donde las cosas no están tan mal, todo hay que reconocerlo, como puede ser Senegal o África del Sur pero sólo si se les compara con el resto de sus vecinos y, perdónenme, pero ésta no representa una medición fiable. Asia valora un poco más este respeto pero si nos ponemos a analizar uno a uno los países nos quedaríamos al final sin distinguir dicho sentido común: entre la China comunista con la gran mayoría de ciudadanos y capitalista con la oligarquía del partido único, la Corea del Norte con su régimen nauseabundo y sectario o las matanzas del conflicto de Timor Oriental y el fundamentalismo islámico que sacude a las sociedades del sur asiático y sobre todo a los países árabes, al final resulta que tampoco en este continente la cosas vayan a favor de un futuro optimista del individuo. Australia y Nueva Zelanda parecen un poco más propensas a su uso pero no hay que dejar de un lado las actuaciones pasadas de los que en Australia exterminaron a sus habitantes aborígenes para luego quedarse con sus tierras. Hoy en día sus sociedades han avanzado mucho por el camino del respeto a las libertades y a las convicciones de cada uno pero aún hay mucha labor por delante y mucha pedagogía que hacer con los dirigentes políticos para que actuaciones como las de comenzar la guerra de Iraq no se vuelvan a repetir y más si se tiene a toda la sociedad en contra. De la vieja Europa, qué decir. Sí, a veces parece que actuamos con algo de sentido común pero tenemos una clase política que deja mucho que desear en la materia. Si nos paramos a pensar en el tipo de Europa que estamos construyendo o que nos están construyendo -según se vea-, debo admitir que no distingo en ninguna parte de esta bunquerización el uso de respeto por las libertades, las convicciones y las creencias de todos los residentes europeos, sean nacidos en el propio continente o venidos de otras partes del globo como tampoco encuentro el modo en el que el ciudadano europeo decide y controla a esta Unión Europea y a su macroburocacia en Bruselas. Dónde está el sentido común en un dirigente como Tony Blair que acepta o actúa en detrimento del derecho a la privacidad de otras personas, se trate del Secretario General de la ONU o de un ciudadano de a pie. No lo encontramos ni en el empeño del primer-ministro español José María Aznar de inscribir en la Constitución Europea el origen cristiano de nuestro continente cuando tienen unos cuantos millones de ciudadanos europeo musulmanes, otros miles de judios... O acaso don José María faltó a las clases de historia que hablaban del esplendor del califato de Córdoba y de la dominación musulamana durante siglos antes de la reconquista de don Pelayo. Tampoco veo sentido común alguno en las políticas abusivas e incoerentes de los dirigentes comunistas llamados ahora social demócratas de mi país de origen, Rumanía. No existe modo algún de explicar lo que está pasando en Francia ahora mismo por culpa de un grupo de subnormales que amenzan con hacer explotar la red de ferrocarril en diez puntos si el gobierno francés no les paga tres millones de dólares y un millón de euros. Tal vez quede algo de serenidad y decencia en la Antártida donde la blancura de la nieve mantiene a buen recaudo un poco de ésto que tanto nos hace falta en el resto del mundo. Pero no sé por cuánto tiempo ya que la actuación irresponsable del ser humano está calando hondo incluso en el mundo más libre y tranquilo de la Tierra y esa actuación se llama cambio climático. Necesitamos encontrar ese sentido común porque sin él, el día de mañana será algo más borroso y menos optimista para nuestra vida en este planeta Tierra. Hagámoslo si no para nosotros, para nuestro hijos y para nuestro nietos. ¿Qué clase de mundo heredarán si no?


Autora:
Roxana Nicula Tănase
Articulista rumano-española de corte liberal-libertario.
Artículo publicado anterior al 2007.




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