Presos del terror o autodefensa

El 9/11 de septiembre y el 11M para los occidentales supuso un punto de no retorno. Aprendimos a vivir con la barbarie terrorista por un lado al mismo tiempo que nuestras libertades civiles eran secuestradas por nuestros propios gobiernos incapaces entonces como ahora de protegernos tal y como prometían por activa y por pasiva a cada golpe de normativa liberticida que firmaba el siguiente consejo de ministros o parlamento.Stop terrorismo

Hoy cuando Bruselas y con ella toda Europa y el mundo moderno se tiñe de luto por las víctimas de los recientes atentados cabe preguntarnos si es realmente efectivo combatir el terrorismo organizado tal y como lo venimos haciendo, única y exclusivamente a través de los canales estatales. Está claro que Nueva York,  Washington, Madrid, Londres, París, Bruselas nos demuestran que no estamos haciendo una labor demasiado efectiva. Y peor todavía si echamos la vista atrás y vemos que lo único que sí ha cambiado radicalmente en el antiguo mundo libre es una constante pérdida de esa libertad. Cabe recordar que aquellos que están dispuestos a renunciar a su libertad por un poco de seguridad, finalmente acabarán perdiendo las dos. A la vista está el resultado de tal sabia reflexión. Los atentados siguen ocurriendo mientras que nosotros, los ciudadanos normales y corrientes aprendimos a convivir con el terror y a desnudarnos ante la autoridad pública en aras de esa seguridad ya perdida.

En este nuevo escenario, es imprescindible recordar las recomendaciones del anterior Secretario General de la Interpol, Ronald Noble quien acertadamente alertaba a los gobiernos occidentales que para combatir la amenaza terrorista en la actualidad requiere de métodos que impliquen inevitablemente la preparación de la sociedad civil para la autodefensa. Es decir más capacitación individual de los ciudadanos en el manejo de armas y menos políticas de desarme de la población civil occidental trasladando todo el peso de la protección a los cuerpos de seguridad de los Estados. A todo ello cabe recordar que urge una revisión profunda de la actual política exterior de los países algo más afines a un modelo más libre y favorable al capitalismo de mercado para dejar de alimentar regímenes dictatoriales liberticidas por mucho que puntualmente pueda parecer que a algunos cercanos a un gobierno u otro les pueda beneficiar en su carrera política y en el impulso a sus negocios y el de sus allegados. Si desterramos definitivamente las políticas mercantilistas donde el papel del Estado es el de mero árbitro de la sociedad y lo separamos de la economía como lo hizo la reforma liberal ya en el XIX separándolo de la religión, habremos asentado las bases para combatir más eficientemente lacras como el terrorismo y la pobreza de recursos y de raciocinio. Y por último, debemos poner punto y final a la socialdemocracia que fomenta el efecto llamada para aquellos que vienen no a construirse una mejor vida para ellos y sus familias en el mundo desarrollado, sino que tienen la clara intención de parasitar los recursos producidos por quienes vivimos aquí mientras siguen esclavos de los grupos de intereses extremistas bien por elección propia y consciente en algunos casos o por haber pasado por un intenso proceso de lavado de cerebro en sus culturas que rechazan el uso de la razón y del sentido común, es decir el respeto a la vida, propiedad y libertad de terceros.

Artículo publicado en el Herald post logo

 

 

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